Palacio de gobierno: Historia entre sus muros

Reseña de “Palacio de Gobierno: Historia entre sus muros” de José Luis Larios García, en: Palacio de Gobierno de Colima, Edificio Histórico de los Siglos XVIII y XIX. Historia, rehabilitación y gestión del patrimonio cultural edificado. Colima, Gobierno del Estado de Colima / Secretaría de Cultura, 2021.
Jorge Rosales López

En su texto Palacio de Gobierno: Historia entre sus muros, José Luis Larios ofrece una investigación minuciosa y bien documentada sobre los orígenes históricos del Palacio de Gobierno de Colima. Además, es una aproximación a los principales momentos que marcaron el pasado de nuestro edificio público por excelencia, los diferentes usos que ha tenido, las tradiciones que lo rodean e información sobre diversos materiales con los que fue edificado, reparado y reconstruido en diferentes ocasiones.

El capítulo reseñado es una lectura recomendada para los interesados en conocer más acerca de nuestro Palacio de Gobierno. Los datos que ofrece son de utilidad sobre todo para estudiantes e investigadores, porque se incluyen fechas, nombres, referencias, vida cotidiana y un aparato crítico que aporta fuentes primarias y secundarias, además de prensa oficial de la época. Contiene también un mapa y un plano, que nos permiten trasladarnos en el tiempo para imaginar al objeto de estudio en su contexto original.

Como refiere el autor, desde que se fundó la Villa de Colima se establecieron los edificios públicos en el primer cuadro de la población y las Casas Reales eran el lugar oficial de residencia del alcalde mayor, la sede del poder local, que tenía sus vínculos más fuertes en la Ciudad de México o en Guadalajara.

El complejo arquitectónico siguió las características de la mayoría de las ciudades hispanoamericanas: se edificó una plaza pública, a un costado de las Casas Reales estaba la sala de juntas del Ayuntamiento donde sesionaba el cabildo, y enseguida se ubicaba la cárcel. En la época novohispana, esas edificaciones fueron construidas con materiales poco resistentes, como zacate, pajarete y adobe, por lo que sus muros eran vulnerables frente a los fenómenos climatológicos y los incendios.

Con el paso de los años, la sede principal de los poderes reales en Colima no mejoró su condición, más bien se deterioró y dejó de ser un edificio cómodo y útil para los fines acostumbrados. Los temblores, incendios y huracanes afectaron su estructura, pero el edificio persistió. El zaguán de la entrada principal se utilizaba para dar información oficial o de carácter militar. Asimismo, los pobladores acudían a escuchar al pregonero que decía en voz alta las noticias de Su Majestad.

En la última década del siglo XVII el edificio se encontraba en mal estado, se veía frágil y deteriorado. Entonces, se comenzó a utilizar otro tipo de materiales para su remozamiento y se cambiaron los techos de zacate por madera, vigas y tejas de mejor calidad.

Ya en 1777 el alcalde mayor de la Villa de Colima se quejó de la situación que prevalecía en este sitio y comentó: “que reside fuera de la Villa, por no haber en Colima Casas Reales”. Sin embargo, este alcalde procuró establecer unas casas y resguardar su archivo. En 1793 Diego de Lazaga había terminado su empadronamiento de la provincia de Colima, comisión encargada por el virrey. Esa descripción geográfica documenta las bondades y carencias de la región. El informe señala que había una parroquia, dos conventos (La Merced y San Juan de Dios), una plaza cuadrada, las Casas Reales y una cárcel en la cual se hallaba un “calabozo muy débil, reducido, fangoso, fétido y sin más respiración que el de las claraboyas de la puerta”.

José Luis Larios también agrega que, a fines del siglo XVIII, por las dificultades económicas y los problemas políticos era difícil modificar las casas reales, sobre todo cuando ocurrieron desgracias que incrementaron los apuros de la autoridad. En 1798 el alcalde ordinario Modesto Herrera informó que en la Villa de Colima se incendió la cárcel y se perdieron la sala principal, el calabozo y la oficina de mujeres. Temeroso de que el fuego alcanzara las casas reales, ordenó sacar los papeles del Archivo.

En marzo de 1806 un temblor conocido como “el terremoto de La Encarnación” causó graves daños a la iglesia y provocó la caída de al menos 200 viviendas. En 1813 se otorgó una licencia para construir la nueva parroquia, pero la reconstrucción se interrumpió varias veces por la falta de materiales y lo mismo sucedía con las casas reales, destinadas a quedar inconclusas.

En 1818 un temblor de gran magnitud sacudió a los pueblos de Colima y su región. Las Casas Reales y la iglesia parroquial padecieron graves daños. Las familias del subdelegado Juan Linares y el teniente coronel Juan Antonio Fuentes se quedaron sin hogar, por no haber casas disponibles; posteriormente pidieron apoyo a las autoridades de Guadalajara para rehabilitar sus domicilios. Por otra parte, dos alarifes se ocuparon de levantar un presupuesto para reparar las Casas Reales, el Archivo y la real cárcel.

Después de consumada la Independencia y luego del efímero imperio de Agustín de Iturbide, el gobierno de Colima siguió ocupando las antiguas Casas Reales para sus actividades políticas, pero cambiaron de nombre a Casas Consistoriales o Casas Municipales. Hacia 1840 una de las primeras obras fue la construcción de un nuevo Consistorio, autorizado bajo la prefectura de Liberato Maldonado, amigo de Ramón R. de la Vega, quien comisionó al síndico Alejo Espinoza para demoler el antiguo edificio que funcionaba desde el virreinato.

Los trabajos de demolición iniciaron en 1841 y se destinaron 14 obreros para derrumbarlas. Para la nueva construcción se ocuparon 42 vigas, 70 arrobas de cal, 768 cargas de arena, piedra de la Hacienda de Pastores, ladrillos, entre otros materiales. La obra se prolongó por varios años, pero fue suspendida a raíz del temblor del 2 de octubre de 1848, aunque al poco tiempo se reanudó.

El autor explica que en el último tercio del siglo XIX llegaron a Colima nuevas ideas políticas. El Porfiriato proyectó en estas tierras cierta modernidad arquitectónica, sobre todo en el centro de la ciudad y especialmente en los edificios públicos, que se encontraban deteriorados y en mal estado.

El 6 de marzo de 1877, el periódico oficial El Estado de Colima anunció el proyecto de construcción de Palacio de Gobierno, planteado desde que Colima fue elevada a la categoría de estado federativo. La construcción quedó bajo la dirección del ingeniero Rosalío Banda y del maestro de obras Lucio Uribe; los trabajos iniciaron ese mismo mes, el gobernador Doroteo López colocó la primera piedra y pronunció un discurso en el que se dijo satisfecho por “inaugurar en este día la realización de una empresa que creo digna del pueblo colimense y que debe concurrir al buen nombre del país”.

Sin embargo, la obra de Palacio tuvo de nuevo sus propios obstáculos por falta de dinero y voluntad política. Así, se suspendió la obra por seis meses y se reanudaron los trabajos en mayo de 1879. Es probable que se hayan derrumbado algunos vestigios de las antiguas Casas Reales, que no habían sido totalmente retirados en 1842. Roberto Huerta San Miguel considera que con la demolición de 1878 “se perdió uno de los edificios más significativos de la etapa virreinal de Colima”.

El gobernador Esteban García, electo para el periodo 1883-1887, dispuso ocupar las nuevas áreas del Palacio. Las primeras instituciones en instalarse fueron la imprenta del gobierno, las oficinas de Hacienda y el Ayuntamiento de Colima, colocado “en el piso alto, acera que mira al sur”. También llegaron el prefecto del Centro, la Administración Principal de Rentas, el Juez del Estado Civil y el Supremo Tribunal de Justicia. La obra sólo tenía enjarres interiores en las oficinas, con sus pisos de cantera; los departamentos del segundo piso que colindaban con la plaza de armas no estaban concluidos.

En 1891 terminaron finalmente los trabajos de albañilería al interior del edificio. En marzo de ese año se anunció la llegada del reloj público fabricado en Alemania; y se instaló el kiosco de metal proveniente de Bélgica. Las bancas de madera, alrededor del jardín, fueron reparadas y pintadas para equiparar el espacio con la nueva estructura de fierro.

Fue hasta 1905, en el gobierno de Enrique O de la Madrid, cuando se terminaron los trabajos del Palacio, concluyó el enjarrado de todo el edificio, se pusieron barandillas de metal en los balcones y cornisamento en las azoteas. En 1906 diversas dependencias lucían nuevas cortinas de felpa, seda y punto. También se colocaron alfombras, espejos, columnas, objetos de bronce, tapetes, escritorios y muebles forrados de cuero de búfalo. Se usó pintura de aceite, por primera vez, en todo el exterior del edificio y se instaló el cableado eléctrico. La tesorería del estado informó, el 16 de septiembre de 1907, que todas las mejoras al Palacio de Gobierno costaron 15 mil pesos.

A pesar de las calamidades que atravesó la sede de los poderes civiles, desde la fundación de la Villa de Colima hasta nuestros días, sin duda es el edificio más representativo del estado y un tesoro arquitectónico valioso para los colimenses. Palacio de Gobierno es el edificio donde se han tomado las decisiones fundamentales para la historia local: guerras, asuntos oficiales, festejos, ceremonias, velatorios y otros eventos. Sus muros permanecerán como testigos que se mantuvieron de pie a través del tiempo y seguirán resguardando las historias del Palacio de Colima.




Palacio de Gobierno de Colima (ca. 1920), AHMC: Fondo Alberto Isaac


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